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Buscar la Vida

Dios conoce el peligro de ignorar nuestros corazones, y por eso reaviva el deseo. Ves una foto en una revista, y te detienes, y suspiras. Ves a alguien con una vida que te recuerda la vida que una vez pensaste que vivirías. Estás navegando por el canal una noche y ves a alguien haciendo lo que siempre soñaste que harías: el corredor rompiendo la cinta, la mujer disfrutando enormemente mientras enseña su clase de cocina. A veces, todo lo que se necesita es ver a alguien disfrutar haciendo algo, y tu corazón dice: yo también quiero eso.

Dios hace esto por nuestro propio bien. Lo hace para despertar el deseo, para agitar nuestros corazones desde las profundidades a las que les enviamos. Lo hace para que no sigamos matando nuestros corazones y para que no seamos presa de algún sustituto que parezca vida pero que se convierta en una adicción en poco tiempo.

A veces lo hace para que busquemos la vida que debíamos buscar. ¿No es esto lo que le pasa al pródigo? Se despierta un día para decir:

¡Cuántos de los hombres contratados de mi padre tienen comida de sobra, y aquí me muero de hambre!» (Lucas 15:17).

«Mira sus vidas», dice. Y se despierta para dirigirse a casa. Para buscar la vida.

John Eldredge

Ministerio de Ransomed Heart

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